jueves, 12 de abril de 2018

La belleza de la vida


Una realización de Vida Creativa, un blog amigo dedicado a la salud, la belleza y el arte.

jueves, 5 de abril de 2018

martes, 20 de marzo de 2018

¿Qué es el Aikido?




El Aikido es un arte marcial de origen japonés creado por un gran maestro, Morihei Ueshiba, quien se dio cuenta de que un desarrollo saludable de la mente, el cuerpo y el espíritu necesita un entrenamiento disciplinado en un contexto de respeto y amor.
El Aikido es un sistema de autodefensa muy efectivo. 

El maestro Ueshiba nació en 1883 en Japón, cuando muchas de las artes marciales todavía eran enseñadas por maestros en la antigua tradición. En su juventud ya dominaba varias artes marciales incluyendo la esgrima y varias formas de autodefensa sin armas.


Al mismo tiempo se convirtió en una persona profundamente espiritual y diseñó un nuevo sistema de "budo" (el camino del guerrero) que proporcionaría una base para el desarrollo físico y espiritual. A este sistema lo llamó Aikido: el camino (do) de la armonía (ai) con la energía universal (ki). 

Por "ki" se entiende el espíritu de vida creativo del universo: la propia energía vital, la misma energía que fluye por todas partes animando a todos los seres y dando forma a todas las cosas...

"El verdadero budo es el camino de la armonía y del amor para todos los seres" escribió el maestro Ueshiba. Expresando que el Aikido es mucho más que un método de autodefensa, agregando: "Quiero que la gente reflexione escuchando la voz del Aikido. No es para corregir a otros; es para corregir su propia mente”.

A diferencia de la mayoría de las artes marciales, el Aikido busca desviar más que bloquear una acción. El objetivo es siempre armonizar con el movimiento de un oponente o compañero y continuarlo mientras controla y redirige la energía conectada.

A través del Aikido se puede desarrollar una defensa completa contra ataques físicos.


El Aikido ayuda a desarrollar resistencia, velocidad de reacción, flexibilidad, estado físico y buena salud.

A medida que se progresa en la práctica se desarrolla una mente tranquila y una mayor confianza, proporcionando estabilidad mental, emocional y física. Los movimientos en los ejercicios y técnicas de Aikido permiten corregir la postura corporal y eliminar el estrés y la tensión, concentrándose en la relajación y la respiración. Estos patrones repetidos van instalando instintivamente calma, autocontrol y respuestas relajadas a todas las situaciones.


El practicante aprende a tener una actitud más relajada, estando a gusto consigo mismo y con los demás.

El Aikido te dará nuevos despertares, percepciones y una mayor comprensión de ti mismo, ampliando tu mente e iluminando tu corazón.





Escuela Budo Shin
Aikido



miércoles, 17 de enero de 2018

Aikido, el camino de la transformación




por Mariano Giacobone

Se dice que el Aikido es el arte de la paz. Pero, ¿Qué es la paz?
Solo podemos entenderlo en el seno del conflicto. Porque paz en si misma no nos dice nada, es un concepto un poco abstracto, a menos que haya una guerra.

Pero en nuestra vida cotidiana afortunadamente no hay guerra, aunque si conflictos y contradicciones, y a veces incluso, situaciones violentas.
Entonces, ¿Qué significa el arte de la paz en tiempos pacíficos?

Aikido no es el arte de la paz. Es el arte del cambio, el arte de la transformación, el arte de la evolución, es el arte de resolver los conflictos.

Cuando nos enfrentamos a un ataque, es una demanda innegable de cambio. Algo cambiará, eso es seguro. Pero ese cambio puede ser destructivo, traumático y lleno de sufrimiento, o el cambio puede conducir a la evolución, la creatividad y un mayor despertar.
De manera que la situación conflictiva se transforma en una posibilidad de cambio y aprendizaje.


¿Podemos elegir un camino de creación en lugar de la destrucción? ¿Es difícil o imposible guiar la presión del cambio hacia canales que afirmen la vida? El simple hecho de ser consciente de la posibilidad ya puede apoyar esta transformación de la presión de un conflicto o un ataque en algo creativo y positivo.

Podemos descubrir una nueva manera de enfrentarnos al conflicto o incluso a un ataque. Esto puede significar moverse a direcciones que aún no hemos imaginado previamente, es decir, mover nuestra mente y cambiar nuestra perspectiva de la situación.

El proceso de transformación implica pérdida. Desechamos lo que no nos sirve y guardamos la experiencia. Sin pérdida no hay cambio. Sin pérdida no hay ganancia.
Debemos perder el miedo, el egoísmo, la avidez, el orgullo, la preocupación y el apego por las cosas inútiles.

Este cambio puede no ser cómodo, pacífico o fácil.
La evolución y el cambio, no siempre son agradables.
Observemos la naturaleza como se comporta, recordemos nuestro crecimiento y el dolor y los conflictos que hemos experimentado.

El Aikido no es un arte de paz sino un arte de transformación.
De la misma forma en que una oruga se transforma en mariposa, podemos entrar en un proceso similar en medio del conflicto, aunque al igual que la oruga, este proceso puede ser difícil y no precisamente placentero o pacífico.

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Para que el Aikido tenga el poder de transformar el conflicto en un movimiento de afirmación de la vida, debemos participar plenamente y ser incluidos voluntariamente en esa transformación. Para que el conflicto se transforme, la relación debe transformarse. Si la relación se transforma, todas las cosas en la relación se transformarán.

A veces criticamos a la sociedad, no nos gusta el mundo y todos los conflictos que vemos a diario, sin tener en cuenta que somos de una manera u otra parte de esa sociedad, de ese mundo y de esos conflictos.

Para cambiar a la sociedad, debes primero cambiarte a ti mismo. 
Para cambiarte a ti mismo, cambia tu mente. 
Para cambiar tu mente, cambia tu corazón.

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A veces podemos incluso entrar en conflicto con el camino del Aikido, pero si somos sinceros y perseverantes aprovecharemos esta situación para cambiar nuestra mente, nuestro karma y nuestro lugar en el mundo.
Este es el verdadero camino de la transformación y de la evolución.

Reconocer esta verdad y alinearse con ella, mantener la intención de seguir la inteligencia del proceso y apoyarla, participar plenamente en la transformación del conflicto en un evento de afirmación de la vida, es caminar por el sendero del Aikido.


Puede que a veces no sea pacífico; pero será siempre evolutivo y positivo.


Emprende el camino de la transformación, aprende y practica Aikido!


Escuela Budo Shin
武 道心流

jueves, 28 de diciembre de 2017

Aprende a unificar la mente y el cuerpo

por Mariano Giacobone

Lo limitado y lo infinito


El punto y la realidad

El punto es infinito en si mismo.
Se dice que fundamentalmente todo es unidad.
La conciencia es infinita y existe en todos partes, sin límites.

La energía circula, vibra, se condensa en materia, se polariza, nunca está quieta, no tiene forma fija ni límites. Entonces, si todo está integrado con todo y todo es unidad, ¿cómo aparecen los límites entre las cosas?
¿Cómo es que interactúa el infinito con lo finito?, ¿puede un sistema ser finito e infinito a la vez?

Generalmente los consideramos separados, si algo es finito no puede ser infinito.

Esto se ve claramente en la Física, hay un física para lo grande que describe un universo continuo hasta el infinito, de acuerdo a la relatividad de Einstein.

Por otra parte la física cuántica predice un espacio limitado y finito, en el que las partículas aparecen y desaparecen, La primera, la relatividad: la física de lo grande, es determinista y la segunda, la mecánica cuántica: la física de lo pequeño, es probabilística.

Hasta el presente no se consigue unificarlas en una sola teoría, Einstein trató pero no pudo.

Podemos observar esta separación entre lo infinito y lo limitado también en la sociedad.

La espiritualidad tiende a pensar en términos de infinito, de conciencia, de sistemas abiertos y entrelazados, mientras que la ciencia piensa en términos racionales, en sistemas cerrados, limitados y finitos. Y entre las dos no hay entendimiento. Si es de rigor científico pierde espiritualidad y si es espiritual la ciencia queda afuera.

Esta dicotomía se ve en la percepción que tenemos de la existencia y de la no existencia. Si algo existe no puede no existir y si no existe, no existe. Nos cuesta de entrada comprender que algo exista y no exista al mismo tiempo.

Sin embargo aunque sean aspectos aparentemente opuestos son complementarios, uno depende del otro.
La existencia contiene en esencia a la no existencia, es decir, los límites de la existencia contienen lo infinito de la no existencia.

Si nuestro cuerpo tiene un límite finito, ¿como puede contener a lo infinito?

Veámoslo desde la perspectiva del punto.

Un punto es la menor fracción indivisible. Es un concepto abstracto.
Se dice que un punto no tiene dimensiones (0D o N-dimensiones), o sea que también tiene infinitas dimensiones (infinitos vectores que convergen y se cancelan precisamente en ese punto).
Algunos sostienen que al no poseer dimensiones y no encerrar volumen, el punto no existe.

Una sucesión de puntos forman una línea, que convencionalmente se considera de una dimensión (1D). Siguiendo la misma idea, entonces tampoco existe. Si unimos cuatro líneas formando un cuadrado, ahora tenemos un plano de dos dimensiones (2D), pero como no tiene volumen no ocupa espacio por lo tanto no se puede decir que exista.
Continuamos uniendo planos, en este caso 6, y obtenemos una figura tridimensional, un cubo (3D), que contiene volumen y por lo tanto lo definimos como existencia.



¿Es así realmente?
¿Cómo se consigue que algo exista a partir de algo que no existe?
Quizás lo único que existe es el punto y todo lo demás aparece como proyección de él.

Cada punto tiene el potencial de contener toda la información en si mismo
Podemos ilustrarlo geométricamente.

Dentro de un círculo (o esfera) que delimita un espacio, ponemos un triángulo equilátero (o un tetraedro si lo consideramos en 3D), en realidad como el universo está polarizado en 2 fuerzas opuestas y complementarias hay que agregar otro triángulo (o tetraedro) invertido, formando la estrella de 6 puntas, común en varias culturas de la antigüedad, en particular la Judía.

A partir de esta figura bipolar podemos efectuar divisiones hasta el infinito, sin salir de los límites origínales. A medida que vamos dividiendo la estrella en estrellas más pequeñas encontramos nuevos límites, cada nivel tiene su límite y sin embargo sigue formando parte de un espacio ilimitado.



Todos los niveles están conectados, cada nivel con sus coordenadas temporoespaciales específicas observa a los demás desde su propio y único punto de vista.



Sin embargo, ninguno dejo de pertenecer a la totalidad.

Esta dinámica fractal se observa en todo el universo, en todas las escalas. Incluso en nuestras células y átomos. En el interior de sus límites se encuentra el infinito, es decir, contienen potencialidad infinita e infinita conectividad con todo lo demás.

Podemos tomar cada célula, átomo o partícula que constituyen nuestro cuerpo y dividirlos hasta el infinito, eso significa que contienen infinita cantidad de información y que poseemos infinita cantidad de divisiones dentro de nosotros.

Nuestro cuerpo es infinito en el interior, en el exterior siempre están los límites de la percepción
No podemos percibir lo infinitamente grande, porque somos el contenido, pero si podemos acceder a lo infinitamente pequeño, ya que lo contenemos en nuestro interior.

La realidad exterior siempre es limitada y determinada mientras que el mundo interior esta lleno de posibilidades, infinitas. Infinitas partículas, infinitos puntos conectando todos los niveles de la escala.

Podemos descomponer todo hasta llegar a un punto y luego ampliar ese punto con un zoom y seguir descomponiéndolo y así sucesivamente.

Si observamos una de célula y ampliamos la escala alejando el foco, la célula se vuelve un punto, nosotros mismos somos puntos vistos desde el aire, pasando Marte nuestro bello planeta es apenas un punto en el espacio.


La Tierra vista desde Marte (fotografía de la NASA)

Por eso podemos considerar al punto como una representación de lo infinito y lo finito integrados.

Todo está hecho de puntos

Cada momento de nuestra vida es un punto. Nunca existió ni existe una continuidad, excepto en la mente. Vamos de punto en punto, de a saltos cuánticos, imperceptibles para el cerebro cotidiano, pero lo cierto es que si paramos el proyector, o sea la mente consciente, podemos descomponer lo que percibimos en puntos, en píxeles de realidad, considerando que cada cosa que observamos, cada punto de la imagen es parte de una imagen más grande, nosotros mismos podemos considerarnos proyecciones de planos superiores.

Cada aquí y ahora es un punto en la existencia y por ser un punto, contiene infinitas posibilidades.

Si podemos concentrarnos en cada punto, en cada momento, la vida seguramente se vuelve mucho más plena y con más posibilidades.

La verdadera fuente de creatividad esta en nuestro interior.
Esto nos permite apagar y reiniciar cuando queremos. Cada punto es un final y un nuevo inicio.

Nuestra verdadera naturaleza es infinita e interconectada.

Pero eso no significa que somos todos iguales. No somos producidos en serie, como un prototipo de fábrica.
Cada átomo, cada célula, cada uno de nosotros ocupa un lugar único de la experiencia, es decir, no hay manera que dos personas ante la misma situación, en las mismas condiciones, experimenten lo mismo.

¿No es genial? ¿Para que buscar afuera lo que ya somos? ¿Y que somos?

Un punto único de experiencia en el universo infinito.

¿Pero entonces que es lo que nos conecta con todo lo demás?

El espacio

El espacio está por todas partes. A gran escala lo podemos observar entre galaxias (y probablemente entre universos), estrellas y planetas, todo está rodeado de una gran cantidad de espacio. Y en la escala microscópica el espacio es todavía más enorme.
Cada átomo está formado por un 99,9999 % de vacío.
En otras palabras, la estructura atómica de nuestra realidad cotidiana está construida, excepto un 0,00001 %, por espacio.

El resto, que es la parte que podemos percibir y consideramos sólida, concreta  inmutable, oscila, vibra en una altísima frecuencia, y lo más notable es que estas oscilaciones “nunca se tocan”. En ningún momento, en ningún lugar, jamás se tocan.
Los átomos y moléculas se enlazan, forman uniones más o menos estables, intercambian electrones, pero no entran nunca en contacto. Por ejemplo, una estructura resistente y densa como la del diamante (que es una forma alotrópica del carbono), si agrandáramos una de sus moléculas al tamaño de una naranja, la siguiente se encontraría a medio kilómetro de distancia. Tal es el espacio entre las cosas.

Sin embargo, a pesar de esta evidencia, seguimos prestándole atención a ese ínfimo porcentaje que aceptamos como concreto y “real”. Gastamos nuestra energía y tiempo en ese 0,00001 % que llamamos materia y generalmente ni siquiera reparamos en el 99,9999 % restante, que es el espacio entre las cosas.

¿Cuál es la parte que te define entonces, la materia o el espacio? ¿La parte sustancial o la parte insustancial?
Percibimos la realidad desde la perspectiva de la materia, por eso nuestra percepción es limitada y estrecha y nuestra vida, determinada y previsible.

Pero si percibiéramos a partir del vacío, de lo insustancial, aceptaríamos que es el espacio el que define nuestros límites y modela nuestra percepción, entonces crearíamos una realidad más amplia, con más espacio (y tiempo) y seríamos más libres.

Quizás no somos nosotros los que creamos y definimos el espacio, sino que es el espacio el que nos define y da forma.
Aparentemente esto no cambia nada en nuestra realidad cotidiana, igual tengo salir a trabajar y todo eso, pero una cosa es andar por el mundo creyendo que la materia y las cosas existen por si mismas y que son ellas las que crean tus límites, y otra cosa es considerarte principalmente vacío, espacio ilimitado e interconectado, y que es justamente ese espacio el que crea, delimita los objetos y tus experiencias y te conecta con todo.

Somos responsables de la forma en que alimentamos de información al espacio

De acuerdo a la información que enviemos recibiremos una respuesta, a veces no en el momento ni de la forma que esperamos, por eso también es importante comprender y aceptar la interdependencia que existe entre todo.

Cuando enfocamos la observación desde esta perspectiva más total, el cerebro cambia su dinámica y su organización, se reformatea permitiendo procesar la nueva información, más amplia e interconectada. Nuevas áreas cerebrales se despiertan y su actividad se vuelve más coherente y unificada.

El espacio que nos rodea y nos modela, aunque se le llame vacío, esta repleto de energía, infinita energía. Esto se ha calculado, 1 cm3 de espacio tiene una densidad de energía de unos 10-93 gr. Esto no nos dice nada a priori. ¿Que podría significar esa cifra en la vida diaria?

Si tomamos todas las estrellas que podemos ver con el telescopio más potente y las compactamos en 1 cm3 de espacio vacío, eso llega a un 10-55 gr de densidad de energía por cm3, y esto es mucho considerando que solo en nuestra galaxia hay unos 100 mil millones de estrellas y todavía nos faltaría agregar 39 ceros para alcanzar la densidad de energía del vacío.
Lo que consideramos espacio vacío, en realidad es infinitamente denso, no lo podemos percibir porque al ser infinito en cada punto, se cancela, (infinitos vectores que convergen en cada punto) y por eso lo vemos como nada. Aclarando que nuestros sensores solo captan los desequilibrios o las diferencias (algunas), es decir los vectores que sobresalen del resto, así que cuando están en perfecto equilibrio no los percibimos.

Como el pez que no sabe que está en el agua hasta que lo sacas y siente una densidad diferente, para el pez el océano es ilimitado, adonde vaya está en su casa.


Es igual para el ave que vuela libre en el cielo, su espacio es ilimitado, todo es espacio.


Lo cierto es que estamos sumergidos en un mar de energía infinita. La aparente escasez de recursos es el resultado de la ignorancia y la mala utilización de los mismos.
Vivimos en un universo de abundancia
Es el espacio el que determina la dinámica del universo y es el espacio lo que compartimos y nos conecta a todos. La información divide el espacio en escalas diferentes y estas escalas o niveles son los que crean nuestra realidad. Somos parte de esos niveles.

La materia no es algo salido de ninguna parte, sino que surge como consecuencia de las divisiones de la estructura del espacio mismo y cada uno de nosotros está interactuando cada instante de su vida con esta estructura.

Sin silencios no habría música, es el silencio el que corta y da las características a cada nota. Sin vacío no habría realidad posible, es el espacio el que define y modela los límites y contornos de la materia.

Es el espacio el que brinda utilidad a las cosas., sino imagínate una casa maciza o una taza llena.


Las partículas que forman nuestros átomos aparecen y desaparecen todo el tiempo en el vacío. Cada vez que el electrón aparece, aprende de tu experiencia y lleva nuevamente la información al vacío. En cada instante estás informando al universo acerca de tu experiencia, es decir, informas sobre tu propio y particular punto de vista.

Somos los ojos del universo. Podemos considerarnos vehículos de experiencia, modelos experimentales expresando el deseo de fuerzas superiores.

La vida nos atraviesa.

Creamos nuestra realidad, pero también la realidad nos está creando. Esa es la contraparte, el opuesto complementario. Enviamos información al espacio y este nos la devuelve, modificada a su vez por la experiencia de los otros. Somos creadores creados.

Si solo fuéramos nosotros los que creamos nuestra realidad, además de encontrarnos solos siempre en nuestra pequeña burbuja artificial, sería muy aburrido y no podríamos aprender nada… y tampoco el universo.

La riqueza y la abundancia surgen del flujo y de la interconexión, no de la acumulación. Lo que se acumula se estanca y lo que se estanca degenera

Somos un punto en un universo de infinitos puntos.

Un punto formado por infinitos puntos. Todos interconectados.

Concentrarse en un 1 punto es la puerta a dimensiones superiores de la mente y a infinitas posibilidades. En nuestro cuerpo físico el punto central se encuentra a unos 3 cm. bajo el ombligo. Podemos respirar y concentrar la mente en cualquier punto del cuerpo, pero es en este punto central donde la acción se vuelve más eficaz y la conciencia se equilibra más fácilmente.


En el centro de tu ser se encuentra el centro del universo.

Puedes encerrar al universo en un punto y depositarlo en el punto bajo el ombligo. Si te concentras en ese punto con la totalidad de tu cuerpo-mente, así será.





Escuela Budo Shin


武 道心流

jueves, 16 de noviembre de 2017

vida creativa



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lunes, 30 de octubre de 2017

El lenguaje químico de las emociones




Sabemos ahora que las emociones y los pensamientos, tienen su expresión química en el cuerpo. Cada célula del organismo escucha y participa del “diálogo interno”.

El cerebro responde a cada pensamiento con una química determinada, ya sea de alegría, de placer, de miedo, de alarma o de dolor.

Ya hemos visto el rol de los neuropéptidos cerebrales en la comunicación de información a distancia en el organismo.
Un neuropéptido es una cadena de aminoácidos, unidos por puentes peptídicos que se diferencian de otras proteínas sólo por la longitud de su cadena. Se han identificado hasta el momento alrededor de 100 neuropéptidos.



Su tamaño puede variar desde 2 aminoácidos, como ejemplo la carnocina, hasta más de 40 aminoácidos, como la CRH (hormona liberadora de corticotrofina).

Tienen función tanto excitatoria como inhibidora.
Los neuropéptidos, que también se llaman neuromoduladores, se pueden agrupar en varios grupos.

También se conocen bien otros transmisores de información como la Adrenalina Noradrenalina, la Dopamina, la Serotonina, la Histamina, etc.
Estas sustancias químicas son las responsables que sintamos por ejemplo placer, miedo, sueño, hambre motivación, entre otras funciones.

Lo notable es que según el tipo de pensamiento que tengamos, según el área del cerebro, o dicho de otra forma, el grupo de neuronas que se active, habrá un tipo de química correspondiente.

Un ejemplo claro lo constituye el estrés.

El exceso de “máquina”, de problemas, de pensamientos, de obligaciones, enciende todo el tiempo los mecanismos de alarma (sistema neurovegetativo simpático: prepara para la lucha y la huida) del cuerpo y por consiguiente este produce una química acorde a la situación, es como prender todas las luces de la casa todo el tiempo cuando no hace falta. Resultado: el sistema se desgasta, se quema rápido, y en el caso del organismo se pierde eficacia y se vive mal y poco.

La preocupación y la frustración generan un tipo de química, la calma y la aceptación otra. Un pensamiento positivo tiene una química. Uno negativo, otra.

A su vez, está química generará pensamientos y emociones positivas o negativas, en un sistema de retroalimentación permanente.

Aunque creamos que nadie escucha lo que pensamos, las células de todo el cuerpo si lo hacen, perciben todo, ya que cuerpo y mente son diferentes expresiones de una misma realidad.

El sistema inmunitario es otro ejemplo. Se han descubierto en la membrana de los linfocitos y otras células de defensa receptores para estos neuropéptidos, de manera que el estado emocional de la persona influye directamente sobre su sistema defensivo, es decir, sobre la capacidad de resistencia a las enfermedades y el control y eliminación de células y microorganismos nocivos.

Por eso la higiene mental es tan importante como la higiene corporal.

Limpiar y eliminar cotidianamente los viejos sentimientos, los miedos, las preocupaciones, la ansiedad y los pensamientos negativos, y reemplazarlos por una nueva manera de percibir al entorno y a nosotros mismos. Con motivación y de manera positiva. Un cambio de mentalidad.

Este simple y monumental acto, generará un torrente de sustancias químicas y de energía, que no solo fortalecerá el sistema inmunitario, si no que será fuente de salud y felicidad.
Amar es inteligente.

Un solo pensamiento positivo tiene el poder de cambiar la realidad y transformar nuestra vida. Y esto es un hecho científico.

El no pensamiento, o sea, la observación y el conocimiento de la propia actividad mental, es la fuente de la creatividad y la sabiduría profunda y constituye la mejor manera de hacer “higiene mental”, de calmar la mente y volver a "0".
Aunque en realidad se trata de volver al “1”, a la unidad, a “uno mismo” y a la unión del cuerpo y la mente, que de hecho son “1”. Cuerpo y mente en unidad.


El verdadero poder se encuentra en el inconsciente

Sin control no hay poder

El control de la mente se consigue a través del entrenamiento

La mente es el camino

El camino es el entrenamiento